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6 may 2014

Tratado del llanto

Me gusta llorar. Sí.
Porque creo que es mi forma de sentir.
Y siento mucho. Demasiado tal vez.
Tal vez más de lo saludable,
pero en la cantidad suficiente como para dolerme, o rebasarme.

Lloro de coraje, de impotencia.
Lloro de inmensidad, de pequeñez.
Lloro de enormidad y de tristeza.
Qué tiene de malo sentir?

En este mundo capitalista y globalizado el sentir se ha reducido a la sensiblería mercadotecnica que encierra un vacío y caro 14 de febrero; en el entendido de que quien llora no resistirá nada, se doblará enseguida. Pero que esa teoría sea probada con el guerrero Nezahualcoyotl, quien siendo poeta vivió bajo la estirpe del honor, la luz, la verdad y lo divino del arte de la palabra.

Prueben entonces a la descendencia de esos inigualables guerreros, a sus herederos, esos que no encajan, que no han encontrado un lugar en esta sociedad que marca como tendencia lo que debería desaparecer. En este mundo que resalta como lo in, lo cool, lo deseable, todo aquello que no permanece, que se rinde.
Un guerrero no se rinde. Pero esta filosofía le queda grande al capitalismo que encierra dentro de sus fauces al endeble que no conoció el honor y la justicia.

Hoy los guerreros son desterrados y mal vistos por tomarse en serio estos conceptos. Pero hermanos, os digo con esperanza, el corazón de cada persona será la forma en que se defina su destino.

29 abr 2014

Regina. 2 años...

Yo no conocí a Regina Martínez. Yo no intercambié con ella más que un “buen día” al llegar a alguna conferencia. Sabía que había una Regina Martínez que era corresponsal de Proceso en Veracruz pero nunca relacioné esa idea con su imagen.
Hace 2 años yo no estaba en Xalapa. Era un sábado. Justo como a esta hora me llegó la noticia. Un angelito tatuado pegó un link en una nota de Imagen del Golfo. Lo primero que leí fue la cabeza de la nota. Luego vi su foto. Ahí supe quién era. Relacioné la idea con la foto de la nota. La misma imagen que yo había visto el lunes de esa semana en la conferencia del PAN. Ahí la veía mucho. Ahí y en Plazoleta, en donde suelen ser las conferencias de varias organizaciones civiles.

Dormí fuera de Xalapa. Lo que pude. Dando vueltas en mi cabeza la idea de lo que había pasado. Estaba en una especie de shock. No estaba muy consciente de la situación. Ese domingo en la mañana tomé mis cosas y me fui.
Al llegar a Xalapa el centro que siempre está vacío a esa hora del día se comenzó a llenar de gente. En el ambiente se sentía lo que había pasado. Pocos hablaban. Nos veíamos las caras. Marchamos.
Recuerdo que al vestirme busqué la única playera blanca que tenía en mi guardarropa.
Estaba conmocionada. Yo no sé los demás pero a mí me dolió saber que habían asesinado a alguien que estuvo junto a mí, aún sin conocerla, era otro ser humano. Uno muy valioso por lo que cuentan los que sí la conocieron. Quienes sí fueron sus amigos.

Conforme pasó el tiempo caí en la cuenta de las magnitudes del hecho. De lo que significaba y de lo que implicaba. A pocos vi que les doliera. Quien es reportero o ha trabajado en medios sabe que el gremio no es muy unido. El colmo de saber este hecho me llegó cuando un abogado me hizo el comentario: “Nunca he visto peor gremio. Aquí todos se apuñalan por la espalda, le echan tierra al otro. Sé de todo lo que se dice de los abogados pero nosotros cuando terminamos un juicio nos damos la mano. Es chamba. Pero los reporteros no son así, se traen cargando sus envidias y no tienen miramientos para meterle el pié al que crea que le estorba”.
Ese día y los que siguieron fue una muestra mayor de lo que todos los días observo. Algunos ponían cara ausente, “pos pa aparentar”. Otros vomitaban su ego proponiendo acciones “para que se viera que el gremio estaba indignado” (subtexto: para que el país viera que ELLOS estaban “indignados”). Los jóvenes no tomaban partido, parecían no tocarlos. Ellos sí se miraban ausentes, como si el asesinato de un compañero no fuera algo que les atañe.

Entre las flores y las pancartas ese domingo nos bajamos de la plaza Lerdo. Nos acomodamos en la avenida Enríquez, frente al palacio, casi como formación. Recuerdo muy bien ese primer paso.
Siempre he sido así, pero el periodismo me ha hecho más segura. Más fuerte. Y lo que más agradezco que me ha dado mi trabajo es reforzar el hecho de que yo no le debo ningún respeto a una autoridad que no la merece. A una autoridad corrupta, injusta, ausente. Podrida.

Recuerdo que tenía una pancarta en mis manos. Comenzamos a avanzar. Cuando di ese primer paso fue como atravesar un umbral. Observé que nos observaban, nos tomaban fotos. Todos caminábamos. Estábamos ahí por el asesinato de Regina. Sabía que después de dar ese paso no habría vuelta atrás. Y lo di tan segura… tan segura como estaba de todo en lo que creo.
No sería la última vez que marcharía. Por Regina, por Goyo. Y no sería la única acción que realizaría de ahí en adelante por defender lo que creo. Lo justo. Como siempre.

Ahora me transformo y busco transformar. “Si quieres cambio verdadero pues camina distinto”. Ese es mi reto. Así lo haré. Ojalá más comiencen a pensar que las cosas que les dijeron que eran imposibles o que siempre se han hecho de un modo están más cerca de ser posibles y tan diferentes a lo que siempre han sido.

12 mar 2014

El ausente hecho de la realidad inexistente



La experiencia en esos labios y en esas manos es 
de doble filo un arma peligrosa.

El cabello largo, lentes oscuros y largas piernas enfundadas en esos jeans negros al más puro estilo rocker que aún conserva después de haber pasado los 20 hace mucho.

Me mira, me pone a prueba. Me susurra al oído halagos que alguien con un par de neuronas entendería. Contesto la flor. Agradezco. Nos miramos.

Lo miro, no sé si paso su prueba.

Cual tentación continúa mirándome y me ofrece mis deseos. Los toma y los envuelve en este espectro de niebla enrarecida por su complejo de persecución y la constante reafirmación de que él sabe lo que hace aunque yo no.

Se acercan. Saluda. Me presenta.

La constante reafirmación de que él sabe lo que hace aunque yo no.

Platica, hace llamadas. Nada es fortuito. Su presencia tiene un propósito aunque yo no sepa cuál. El café que bebo también.

La constante, peligrosa, incierta reafirmación de que él sabe lo que hace aunque yo no.

Me noto distraída. Me toma de la cara. Me mira a los ojos. Se preocupa.

Siempre tiene una respuesta a todo. Lo hago notar. Lo considera una maldición. Yo lo agradezco. Él también. Nos miramos. Sonrío. No pude más.

Encuentro el fondo de la taza. Él ya pagó. Tomo mis cosas. Caminamos. Me doy cuenta de lo alto que es. De la fuerza que despide con su cabello abajo del hombro y lentes de sol. Se mueve entre el centro saturado de gente ordinaria de forma tan natural que resalta de inmediato.



Me da un beso en la mejilla. Me toma de la barbilla. Me cierra el ojo. Me doy la vuelta. Tomo mis audífonos y me sumo en la versión de Across the Universe de Happiness is a warm gun para relajar mi dolor de cabeza y el nerviosismo que aún me recorre. 3 años después, sigo sin saber si he pasado su prueba.

27 feb 2014

Mi vida perfecta

Hoy disfruto salir al balcón a enfriarme la rodilla con el viento de la noche que apacigua el ambiente de la lluvia recíen acontecida. Desde donde percibo la ciudad capital tan aparentemente tranquila con los perros guardados en las casas sin sus ladridos, y tan silenciosa que sólo se escuchan los rumores de los amantes quienes no se preocupan por la cotidianidad del mañana y a media noche se disfrutan espectantes con la luz de la luna.
Hoy vivo feliz, tranquila y llena de las revoluciones que me plantee a los 20.
Hoy sigo siendo la que hace años. Mejorada. Evolucionada. Feliz.
Hoy, vivo viviendo.

21 dic 2013

A mi familia y amigos. Con todas sus letras



De pequeños nuestros padres suelen arrastrarnos a sus compromisos sociales con sus grandes amigos que nos ven y dicen: “qué grande está tu hij@! La última vez que l@ vi era bebé!”. Y efectivamente tú no recuerdas haber visto en tu vida a esa persona.

Comen, tal vez, la sobre mesa se extiende con la plática de cosas que no entiendes, eventos a los que no acudiste, personas que no conoces y situaciones que probablemente no te importan ni pensarías, a una edad pequeña, que algún día llegarían a importarte.

En lo personal detestaba esa clase de reuniones. Que podían ser con la familia o no. De igual forma me aburría, buscaba algún pretexto para exigir una pronta huida de lo que para mí representaba nada más que horas interminables de aburrición.

Además del fenómeno “nadaquehacer” las reglas sociales aprendidas en casa deberían de emerger. Siéntate bien, no comas con la boca abierta, no grites. Y las que les tocaban a nuestros padres como el no llegar con las manos vacías (que yo no sé en donde están escritas y si alguien sabe les solicito que me proporcionen el link).

Debo aceptar que esta parte me incomoda: mamá tenía razón cuando decía “ahorita no lo vas a entender. Cuando crezcas ya te veré”.

Fue verdad. Después de pasar una tarde entera en el hogar de una persona a la cual admiro y estimo, en compañía de su familia, en el espacio que ya no es público, sino privado, donde resguarda a las personas que considera más preciadas dentro de su vida: pareja e hijos, no he encontrado otra forma de agradecer tan especial atención que buscando entre mis recuerdos esas reglas implícitas en las relaciones familiares o de amistad que mis papás tenían y a las que me arrastraban sin preguntar.

Es aquí cuando palabras como honor, sinceridad, honestidad, humanidad, cobran un sentido. Es en estos espacios que están tan alejados de la cotidianeidad del mundo en el que esta reportera se desenvuelve, en donde uno aprecia el cálido detalle de compartir algo tan sagrado para el ser humano como lo es la comida, la familia y el hogar.

A lo largo de mi vida he encontrado escenarios y personas que han reforzado esa burbuja rosa en la que de alguna forma siempre he vivido. En esta etapa de mi vida parecía que no encontraría de nuevo ese faro de luz que me aterrizara a las hermosas bases que mi familia me ha dejado y de las que no suelo hablar, probablemente porque no me había percatado de ellas.

Hoy volví a ver esa luz. La que me hace continuar luchando por lo que creo. Por lo que viví de pequeña y lo que quisiera que se replicara para toda la humanidad: el amor, el respeto, la honestidad entre personas. Todos esos conceptos que están tan subestimados y a través de los cuales los seres humanos podremos alcanzar la paz, el equilibrio.

Gracias por la lección de hoy. La guardo en mi corazón y en mi espíritu.

13 dic 2013

La experiencia

El escenario, la unión, la colaboración; lo sutilmente perfecto. La esperanza que continúa. Una nueva generación que busca hacer las cosas bien. La reflexión para mi: la formación de mi vida ha sido perfecta y continúo siendo yo, aprendiendo, luchando, conservando y transformando y transformandome.
Mi luz se alimenta con la luz de quienes creen, como yo, que el país puede cambiar. Que juntos podemos construir una mejor sociedad, ayudandonos, trabajando juntos por objetivos comunes. Y aún cuando no hay objetivos comunes, cada quien continuar su paso sin afectar a los demás.
Doy gracias al universo por una experiencia más para recordar que TODO ES POSIBLE.

2 oct 2013

2 de Octubre. Jamás se olvidará...

Corrí... Me alejé de la explanada. Vi los edificios. Me dirigí hacia ellos.
Ruido... Gente corriendo. Los gritos. La sangre. Una salida.
A un paso me alcanzó. Mi espalda ardió con la bala. Mi vista se nubló. No recuerdo nada.

16 años después en un cuerpo diferente. La memoria escondida pero fresca. Las piezas cuadraron y 40 años después recordé lo que había pasado.

Años de lágrimas, dolor y angustia. De un agujero donde caía el llanto y la pena y nunca se llenaba.
2013. Julio. Esa canción...


De nuevo el llanto, de nuevo el dolor. La pregunta. ¿Porqué? No hay respuesta que haga que el llanto y el dolor desaparezcan. Horas, días, la cara mojada de lágrimas. No más.

2 de octubre. 2013. La marcha de cada año. 45 años después. Hoy ya no hay llanto...

La lucha seguirá. La batalla se dará.
Esto no terminó en aquella plaza. Al menos hoy no hay más lágrimas en mi cara.


10 ago 2013

El sexto sol

"El sol determina el sendero que nuestra consciencia debe recorrer en este plano para evolucionar".

El sexto sol

"Aunque existe un padrón predeterminado para nuestro aprendizaje, cada camino y cada persona son únicos. Eso es lo que hace nuestra existencia tan maravillosa, nuestra individualidad y la forma en como aprendemos esas lecciones. Es el verdadero hecho de encontrar nuestro camino lo que le da el verdadero sentido a nuestra existencia".