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14 ene 2014

De viajes entre sábanas



Él envuelto en la delgada sábana que cubre la cama, respira aún agitado por el esfuerzo de explotar y en un segundo volver a nacer en el cuerpo de ella. Ella recostada junto a él, mira el techo. Lo mira, sus ojos están cerrados. Ella va hacia el buró junto de la cama y coge su celular.

Abre aplicaciones sin mirar. Avanza entre publicaciones sin sentido. Se detiene en una. La foto del perfil, no la publicación. Unos ojos brillantes resaltan. Opacan todo lo demás.

Él, con la respiración menos agitada, voltea y la mira. Ella no lo nota y continúa mirando la foto. La amplía para grabarse esos ojos en la memoria. Sin moverse afirma: “me gusta. Mucho”. “¿Porqué no estás con él?”, le pregunta. “Porque tiene los 3 puntos que tienen los hombres que me gustan: vive lejos, tiene novia y no le gusto”.

Él la abraza. Comienza a besar su cuello. Ella deja el celular en el buró y mientras él la sube sobre su cuerpo ella le murmura en el oído: “De Puebla sólo conozco bien tu cama”.

12 may 2012

Fantasías


Tendida en la cama del tapanco que es el cuarto de Atena, algo oscuro y con las paredes destellantes de luz neón y fluorescencia en los dibujos góticos en los que de vez en cuando pierde el tiempo, Kal movía sus caderas encima de ella. La cabeza de Atena colgaba de la cama y con los vaivenes de su cuerpo, el mareo y la excitación provocaban que el largo de sus uñas se clavara en la espalda de Kal.
Al notar movimiento en la entrada de su cueva, Atena giró la cabeza y descubrió un brazo abriendo la puerta de la entrada. Comenzaron a desfilar dentro de su morada cinco de los que hubieran pasado por cualquiera de sus amigos que normalmente la visitaban. Sin embargo, del grupo de largas gabardinas negras, botas oscuras, atuendos de cuero y delineador en los ojos, sólo reconoció a uno.
Callada, miró a Russ entrar con esos cuatro desconocidos. La escena despertó las fantasías que miles de veces había reproducido en su mente para las ausencias de Kal; y recordó todas las veces que en su cabeza miraba a ese hombre tomándola de la cintura y penetrándola con fuerza.
Los 5 estuvieron en un momento al pie de la cama de negras sábanas sin que Kal notara la interrupción hasta que lo rodearon como custodiando y observando la escena. Kal levantó la cara mirándolos, desafiante. A pesar de ser corpulento sabía que no podría con ese grupo. Sin despegarse de Atena se incorporó un poco y miró a su alrededor. La ropa de uno de ellos ya estaba en el piso y éste se acercaba hacia el trasero de Kal que estaba al aire.
Al anticipar la escena, Kal se incorporó sin despegarse de la cama donde Atena seguía acostada y desnuda, limitándose a observar con más ansias que miedo. Los otros cuatro se apresuraron a sujetarlo de los brazos y apartarlo de la cama, sólo lo suficiente para que Russ tomara su lugar dentro del cuerpo de Atena mientras Kal observaba forcejeando con sus opresores.
En el sillón que más parecía trono de la edad media que una pieza de reciente fabricación, Kal se vio atado, obligando a mirar cómo Atena disfrutaba con los movimientos de Russ. Los gemidos de ambos se mezclaban en perfecto unísono haciendo evidente que ambos lo gozaban.
Después de que la estrecha Atena se acopló al arma con que fue asaltada, uno de los 4 que sujetaban a Kal removió su gabardina de piel vistiendo tan sólo unas enormes botas negras. Lentamente se acercó a Russ, quien seguía penetrando a Atena con más fuerza con la que Kal la había poseído nunca. El tipo de las botas se inclinó, lamió su mano untando saliva en su miembro y comenzó a penetrar a Russ. Al sentir que un falo lo llenaba, éste comenzó a moverse más violentamente. Los tres cuerpos se agitaban frenéticos en una sintonía salvaje de gritos y rugidos mientras el sudor se escurría hasta empapar el oscuro lecho.
La eyaculación de Russ por fin llenó las entrañas de Atena y disminuyó el movimiento. Las botas que seguían dentro de Russ aún no encontraban satisfacción, por lo que lo miró como pidiendo su aprobación y después de un arqueo de ceja de Rus, éste sacó los 20 centímetros que disfrutaban en el ano del que parecía su jefe, tomó a Atena por la cintura y la colocó en cuatro. Sin chistar se fue encima de ella introduciendo todo su falo de un golpe.
En el cuarto se oyó el gemido ahogado de Atena, sin embargo Kal notó que su chica movía sus caderas desde el primer momento a pesar del dolor que pudieran causarle esos 20 centímetros que ahora la hacían dirigirse al orgasmo.
Las brutales embestidas del enorme tipo de botas despertaron el instinto animal de Atena quien claramente se transformó en un animal que gemía y se convulsionaba al sentir el falo que la penetraba. Ella se aferraba a su espalda mordiendo, clavando las uñas, arañando y con una expresión perdida en el placer reflejada en su rostro.
Con un movimiento rápido, él se levanto de la cama y jaló a Atena hacia él. La levantó de la cadera hasta su cintura y la volvió a penetrar mientras ella lo rodeaba con sus piernas. Bastaron unos cuantos movimientos más para que Atena se corriera mordiéndole el cuello a un hombre que jamás había visto y la había poseído como nadie.
Después de ver su orgasmo el tipo la soltó y ella cayó al piso. Al levantar la cabeza vio ese enorme miembro apuntándole a la cara mientras él se masturbaba con los músculos tensos esperando venirse. Le ordenó a Atena que abriera la boca, ella obedeció sin chistar y recibió los chorros de semen caliente con su lengua. Cuando el baño acabó, Atena se acercó a lamer y limpiar los restos blanquizcos en el falo que tanto placer le causó.
Cuando terminó, recobró la conciencia de su alrededor. Kal la miraba reflejando el dolor de la traición en su rostro. Russ estaba complacido. Sentado en el piso del cuarto, recargado en la pared. Vistiendo una larga gabardina de cuero y fumando un cigarro. Se levantó y desató a Kal, quien lo miró con algo más que rabia. Esperó a que las cuerdas que lo sujetaban cayeran lentamente a su alrededor y aún desnudo, lanzó un puñetazo a la cara de Russ. Éste retrocedió por el golpe y los cuatro guaruras corrieron a detener a Kal. Cuando estaba a punto de recibir el primer puñetazo, Russ ordenó que lo dejaran libre. Kal se levantó, cogió su ropa y caminó hacia la escalera. Se detuvo un momento frente a Atena, que se hallaba de pie junto a la cama, desnuda, sudada, con el semen de dos hombres escurriendo en su cuerpo. La miró un instante y siguió su camino.
Mientras el tipo de las botas se cerraba la gabardina, Russ se acercó a Atena.
-Eres una putita-.
Alguien le puso una pesada capa roja y los cinco salieron de la casa. Una vez afuera, Kal observó como Atena subía de la mano de Russ a una enorme camioneta negra y lujosa. Jamás los volvió a ver.

26 may 2011

tu piel de noche



Tu cuello me revelas moviendo de lado tu cabello.
Dulce tentación.
Tus dientes me presentas con una sonrisa impetuosa.
Delicioso éxito.
Me acerco. Tomo tu mano. Te llevo conmigo.
Caminas. Me miras. Miro de reojo tu escote.
La gente mira, los vestidos victorianos no dejan de moverse al compás de la música.
Atravesamos a los caballeros fumando puros mientras me río de sus chisteras.
De mi mano sales de aquel baile de violines y nobiliarios mezclados.
La banca del jardín de laberintas arboledas es helada como mi piel que ahora roza el motivo de este encuentro.
Mi mano se desliza por tu cuello y tu pecho removiendo el listón de tu corset, que cede ante el volumen de tus senos. Tu respiración se agita. Beso tu boca. Mis manos juegan con tu cuerpo. Tus ojos se cierran.
Me deshago de los metros de tela que conforman tu vestido favorito mientras dejo al descubierto tu blanca piel. Casi transparente. Logro ver los canales que te irradian de sangre.
Mi boca tiembla. Me besas para calmarla. Intentas apartar mi falda y tomo tu mano. Beso tu pulgar… tu palma… tu brazo… de nuevo tu cuello… tus pechos… palpitantes…tus venas gritándome…tu sangre recorriéndote… muerdo tus pezones y aparto mi cara para contemplar la escena de tu piel desnuda y blanca…casi transparente…tendida en la banca de mármol…esperando mis manos… mi boca… mis dientes se clavan en las venas de tus pechos hasta derramar tu sangre por mis labios. Me alimento de ti… sacio mi sed con la duquesita traviesa mientras su vida se extingue entre mi aliento.
Antes de la última gota de tu sangre en tu cuerpo me detengo y cierro tus ojos con expresión de asombro. Ahora pareces dormida. Pálida. Desnuda…